Hermenéutica - Lección 3

Tercera lección del estudio: Hermeneutica.

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad."
2 Timoteo 2:15


Cuando una buena intención no es suficiente

A lo largo de la historia han existido personas profundamente sinceras que, con una Biblia abierta delante de ellas, llegaron a conclusiones completamente diferentes. Algunas justificaron guerras, otras defendieron falsas enseñanzas, otras aseguraron que podían conocer el día exacto del regreso de Cristo y otras incluso afirmaron que Dios aprobaba prácticas que la misma Escritura condena. El problema no era que la Biblia estuviera equivocada. El problema era la manera en que estaba siendo leída.

Eso nos recuerda una verdad importante: amar la Biblia no siempre significa entenderla correctamente. Podemos tener un gran deseo de obedecer a Dios y, al mismo tiempo, interpretar mal un pasaje si no aprendemos a leerlo como Dios quiso que fuera entendido.

Por esa razón estudiar cómo interpretar correctamente la Escritura no es un lujo reservado para pastores o maestros. Es una necesidad para todo creyente. Cada vez que abrimos la Biblia estamos escuchando la voz del Señor por medio de su Palabra escrita. Si queremos conocer realmente lo que Él dice, debemos dejar que el texto hable antes de apresurarnos a sacar nuestras propias conclusiones.

El apóstol Pablo escribió su segunda carta a Timoteo alrededor de los años 66 o 67 d.C., poco antes de morir en Roma durante el gobierno del emperador Nerón. En ese contexto animó a Timoteo a usar correctamente la Palabra de verdad. Esa exhortación sigue siendo igual de necesaria casi dos mil años después.

En la lección anterior aprendimos por qué es importante interpretar correctamente la Biblia. Ahora estudiaremos algunas reglas fundamentales que han guiado a la Iglesia durante siglos y que continúan siendo indispensables para acercarnos fielmente a las Escrituras.


La Biblia debe ser nuestra máxima autoridad

Toda interpretación correcta comienza con una decisión del corazón: reconocer que la Biblia tiene la autoridad final sobre nuestras ideas. No somos nosotros quienes juzgamos la Escritura; es la Escritura la que nos juzga a nosotros.

Muchas personas leen la Biblia buscando confirmar lo que ya piensan. Se acercan al texto con opiniones formadas y únicamente seleccionan aquellos versículos que parecen apoyar sus conclusiones. Sin darse cuenta, convierten sus pensamientos en la autoridad principal y dejan que la Biblia ocupe un lugar secundario.

El creyente debe hacer exactamente lo contrario. Debe acercarse dispuesto a aprender, incluso si el texto corrige sus tradiciones, costumbres o preferencias personales.

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia." 2 Timoteo 3:16

Observa el orden. La Escritura enseña, corrige y transforma. No fue escrita para adaptarse a nosotros; nosotros debemos ser transformados por ella.

Juan Calvino insistía constantemente en que el creyente debía someter toda opinión humana a la autoridad de la Palabra de Dios. Su preocupación no era defender ideas personales, sino permitir que la Escritura gobernara cada aspecto de la vida del creyente.

Cuando esta regla se olvida, aparecen interpretaciones construidas sobre emociones, experiencias personales o filosofías humanas. Pero cuando la Biblia ocupa el primer lugar, el creyente aprende a escuchar antes de hablar.


El contexto siempre determina el significado

Una de las reglas más importantes consiste en nunca sacar un versículo de su contexto. Las palabras adquieren significado por las oraciones que las rodean. Las oraciones adquieren significado dentro del párrafo. El párrafo forma parte de un capítulo. El capítulo pertenece a un libro completo. Y ese libro forma parte de toda la revelación de Dios.

Cuando alguien toma una sola frase y la separa del resto, fácilmente puede hacer que el texto diga algo que jamás quiso comunicar.

Un ejemplo muy conocido aparece en Filipenses 4:13.

"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

Con frecuencia este versículo se utiliza para hablar de éxito personal, logros deportivos o metas económicas. Sin embargo, cuando leemos todo el contexto descubrimos que Pablo está hablando de algo diferente.

Mientras escribía esta carta, alrededor de los años 60 al 62 d.C., Pablo se encontraba preso en Roma. No estaba celebrando prosperidad material. Estaba explicando que había aprendido a vivir tanto en abundancia como en necesidad porque Cristo le daba fuerzas para permanecer fiel.

El contexto cambia completamente nuestra comprensión del pasaje.

Charles Spurgeon advertía que un texto fuera de contexto fácilmente termina siendo un pretexto para enseñar cualquier cosa.

Por eso, antes de interpretar un versículo, conviene hacerse preguntas sencillas.

  • ¿Quién está hablando?
  • ¿A quién le está hablando?
  • ¿Qué ocurrió antes?
  • ¿Qué ocurre después?
  • ¿Cuál era el propósito del autor?

Estas preguntas parecen simples, pero evitan muchos errores.


La Biblia interpreta a la Biblia

Dios no se contradice. Como toda la Escritura tiene un mismo Autor divino, un pasaje difícil nunca puede interpretarse de una manera que contradiga la enseñanza clara del resto de la Biblia.

Existen textos cuya explicación requiere comparar otros pasajes relacionados. Muchas veces un libro desarrolla una enseñanza que otro apenas menciona.

Por ejemplo, el libro de Génesis presenta el inicio de muchas doctrinas que luego son desarrolladas ampliamente por los profetas, los Evangelios y las cartas apostólicas.

Lo mismo ocurre con las promesas acerca del Mesías. En el Antiguo Testamento aparecen de manera progresiva hasta alcanzar su cumplimiento en Jesucristo.

Cuando Jesús caminó con los discípulos rumbo a Emaús después de su resurrección, hizo precisamente esto.

"Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían." Lucas 24:27

Jesús enseñó que las diferentes partes de la Escritura forman una sola historia cuyo centro es Él mismo.

Eso significa que nunca debemos construir una enseñanza únicamente sobre un versículo aislado si el resto de la Biblia habla claramente sobre ese mismo tema.

Martín Lutero acostumbraba comparar cuidadosamente unos pasajes con otros antes de llegar a una conclusión. Sabía que la Escritura posee una armonía interna porque procede del mismo Dios.


Debemos descubrir primero lo que el autor quiso comunicar

Una pregunta muy común consiste en decir: "¿Qué significa este versículo para mí?".

Aunque la aplicación personal es importante, esa no debe ser la primera pregunta.

Primero debemos preguntar:

¿Qué quiso comunicar el autor inspirado a sus primeros lectores?

Después podremos preguntarnos cómo ese mismo principio se aplica a nuestra vida.

Por ejemplo, cuando Pablo escribió la carta a los Efesios alrededor del año 60 d.C., estaba escribiendo a creyentes reales que vivían en una ciudad real llamada Éfeso, una de las ciudades más importantes del Asia Menor. Aquellos creyentes enfrentaban problemas específicos, vivían bajo la influencia de la idolatría y necesitaban comprender las riquezas del evangelio.

Comprender esa situación histórica nos ayuda a interpretar correctamente muchas exhortaciones del libro.

Si ignoramos el contexto histórico, fácilmente podríamos atribuir al texto un significado completamente diferente.

John Stott solía recordar que primero debemos cruzar el puente hacia el mundo bíblico antes de traer el mensaje hacia nuestro propio mundo. Esa idea ayuda a mantener una interpretación equilibrada y fiel al propósito original de la Escritura.

Debemos reconocer el tipo de literatura que estamos leyendo

La Biblia es un solo libro, pero está compuesta por diferentes clases de escritos. Encontramos relatos históricos, poesía, proverbios, cartas, profecías, leyes, himnos y literatura simbólica. Cada uno debe leerse respetando su naturaleza.

Nadie interpreta un poema de la misma manera que un contrato legal. Del mismo modo, no debemos leer un salmo como si fuera un libro histórico ni interpretar una parábola exactamente igual que una narración literal.

Por ejemplo, cuando David escribió:

"Jehová es mi pastor; nada me faltará." Salmo 23:1

No estaba afirmando que Dios fuera literalmente un pastor con un rebaño físico. Estaba utilizando una hermosa imagen conocida por los israelitas para expresar el cuidado, la protección y la dirección constante de Dios hacia su pueblo.

Algo parecido sucede en el libro de Apocalipsis. Allí aparecen símbolos, números e imágenes que comunican verdades reales mediante un lenguaje figurado. Esto no significa que el libro sea imaginario. Significa que debemos interpretarlo respetando el estilo con el que fue escrito.

Cuando ignoramos el género literario, terminamos confundiendo figuras con hechos literales o reduciendo hechos históricos a simples símbolos. Ambos extremos producen interpretaciones equivocadas.

Matthew Henry explicaba que Dios habló de muchas maneras diferentes, pero todas ellas comunican una misma verdad. Por eso debemos aprender a reconocer la forma en que cada libro transmite su mensaje.


La Biblia siempre apunta hacia Cristo

Desde Génesis hasta Apocalipsis existe un hilo conductor que une toda la Escritura. Ese hilo es la obra redentora de Jesucristo.

No todos los pasajes hablan directamente de Cristo, pero todos forman parte de la historia que Dios fue desarrollando para revelar su plan de salvación.

Después de resucitar, Jesús reprendió con amor a dos discípulos porque conocían los acontecimientos recientes, pero todavía no entendían cómo toda la Escritura anunciaba al Mesías.

"Escudriñáis las Escrituras... y ellas son las que dan testimonio de mí." Juan 5:39

Esto nos protege de leer la Biblia únicamente como un conjunto de normas morales. Claro que la Biblia contiene mandamientos, pero antes de mostrarnos lo que debemos hacer, nos presenta lo que Dios ha hecho por medio de Cristo.

Cada página nos conduce, de una forma u otra, hacia la necesidad del Salvador. La creación anuncia al Creador. La caída revela la gravedad del pecado. Los sacrificios del Antiguo Testamento anticipan el sacrificio perfecto del Cordero de Dios. Los profetas anuncian al Rey prometido. Los Evangelios muestran su vida, muerte y resurrección. Las cartas explican el significado de esa obra y Apocalipsis anuncia su victoria definitiva.

Si perdemos de vista a Cristo, terminaremos leyendo la Biblia como un simple libro de principios para mejorar nuestra conducta. Pero el propósito principal de las Escrituras es conducirnos al conocimiento del Salvador.

John Owen escribió que toda la Escritura encuentra su mayor belleza cuando contempla la gloria de Cristo. Esa afirmación resume muy bien el centro de toda interpretación fiel.


Interpretar con humildad y dependencia de Dios

Aunque existen reglas claras para interpretar correctamente la Biblia, nunca debemos olvidar que comprender la Palabra también requiere una actitud humilde delante de Dios.

El conocimiento por sí solo no garantiza una interpretación correcta. Una persona puede dominar muchos datos históricos y, aun así, acercarse al texto con orgullo.

La Biblia no fue dada únicamente para informar nuestra mente, sino para transformar nuestro corazón.

Antes de abrir las Escrituras conviene pedir al Señor que ilumine nuestro entendimiento y nos conceda un corazón dispuesto a obedecer aquello que aprenderemos.

El salmista expresó ese deseo con una oración sencilla:

"Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley." Salmo 119:18

Notemos que no pidió una nueva revelación. Pidió poder comprender la revelación que Dios ya había dado.

Eso sigue siendo necesario para cada creyente. Dependemos del Espíritu Santo para comprender correctamente la Palabra que Él mismo inspiró.

J. I. Packer recordaba que estudiar la Escritura debe producir adoración, arrepentimiento y obediencia. Si nuestro estudio solo aumenta información, pero no transforma nuestra vida, todavía no hemos entendido el propósito de la Biblia.


Una invitación a leer con reverencia

Interpretar correctamente la Biblia no consiste en aprender un conjunto de técnicas complicadas. Consiste, ante todo, en acercarnos al texto con reverencia, paciencia y el deseo sincero de escuchar la voz de Dios.

Las reglas que hemos estudiado son sencillas, pero profundamente importantes. Reconocer la autoridad de la Escritura, respetar el contexto, permitir que la Biblia explique la Biblia, descubrir la intención del autor, identificar el tipo de literatura, mantener a Cristo en el centro y estudiar con humildad son principios que han servido a la Iglesia durante siglos.

Cuando estas reglas son ignoradas, el resultado suele ser confusión. Pero cuando son aplicadas con cuidado, la Escritura comienza a mostrarse con una claridad sorprendente. Pasajes que antes parecían difíciles empiezan a relacionarse entre sí, y el mensaje central del evangelio resplandece con mayor belleza.

No olvidemos que el objetivo final no es convertirnos en personas que simplemente conocen muchos datos acerca de la Biblia. El propósito es conocer mejor al Dios que habló por medio de ella y vivir cada día bajo la autoridad de su Palabra.

Cada vez que abras las Escrituras, recuerda que no estás leyendo un libro cualquiera. Estás acercándote a la revelación escrita del Dios eterno. Hazlo con respeto, con oración y con la disposición de obedecer aquello que Él te enseñe.


Ejercicios

  1. Lee Filipenses 4:10-13. Escribe con tus propias palabras cuál es el contexto del versículo 13 y explica por qué muchas personas lo interpretan incorrectamente cuando leen únicamente ese versículo.

  2. Escoge cualquier salmo y anota tres expresiones que sean figuras literarias. Explica qué verdad quieren enseñar esas imágenes.

  3. Lee Lucas 24:13-35. Escribe cinco observaciones acerca de cómo Jesús interpretó el Antiguo Testamento y qué enseñanza deja ese pasaje para nuestra manera de estudiar la Biblia.

  4. Durante esta semana, antes de leer cualquier capítulo de la Biblia, responde en tu libreta estas cuatro preguntas:
    • ¿Quién escribió este libro?
    • ¿A quién fue dirigido?
    • ¿Cuál es el tema principal del capítulo?
    • ¿Qué aprendí acerca de Dios?

  5. Elige un pasaje de tu lectura diaria y escribe una aplicación práctica para tu vida. Luego verifica que esa aplicación realmente nace del significado original del texto y no solamente de una opinión personal.

Resumen de la lección

  • La Biblia posee la autoridad suprema sobre toda opinión humana.
  • El contexto determina el verdadero significado de cada pasaje.
  • La Escritura nunca se contradice; la Biblia explica la Biblia.
  • Primero debemos descubrir lo que el autor quiso comunicar a sus primeros lectores.
  • Cada género literario debe interpretarse respetando sus características.
  • Toda la Escritura conduce finalmente a Jesucristo.
  • El estudio bíblico requiere humildad, oración y un corazón dispuesto a obedecer.