Cuarta lección del estudio: Hermeneutica.
Hay una diferencia enorme entre leer un texto y comprender lo que el autor quiso comunicar. Dos personas pueden leer exactamente el mismo pasaje y llegar a conclusiones completamente distintas. No porque la Biblia sea confusa, sino porque uno decidió escuchar al autor mientras el otro dejó que su imaginación hablara más fuerte que el texto.
A lo largo de la historia de la Iglesia han surgido muchas interpretaciones extrañas precisamente por esta razón. Algunos han visto símbolos donde nunca existieron. Otros han convertido cada número, cada color o cada objeto en un mensaje oculto. También hay quienes leen las profecías como si fueran un periódico moderno, tratando de encontrar en cada acontecimiento mundial un cumplimiento inmediato.
Sin embargo, Dios no inspiró las Escrituras para que fueran un acertijo imposible de resolver. Él habló mediante autores reales, en lugares reales, dentro de culturas reales y utilizando el lenguaje humano con toda su riqueza. Así como nosotros usamos comparaciones, metáforas o expresiones figuradas todos los días, los escritores bíblicos también lo hicieron. Comprender esto nos permite acercarnos al texto con respeto, evitando tanto la imaginación desenfrenada como una lectura excesivamente literal donde el mismo pasaje nos muestra que está utilizando un lenguaje figurado.
En esta lección aprenderemos a reconocer las principales figuras literarias, entenderemos cómo funcionan los símbolos en la Biblia y veremos principios fundamentales para interpretar correctamente las profecías. El objetivo no es descubrir secretos escondidos, sino escuchar con claridad lo que Dios quiso revelar desde el principio.
Dios habló mediante un lenguaje humano
Cuando Dios decidió revelar Su voluntad, no habló únicamente desde el cielo con una voz audible. Inspiró a hombres para escribir Su Palabra utilizando idiomas humanos, estilos literarios y formas normales de comunicación.
"Toda la Escritura es inspirada por Dios..." (2 Timoteo 3:16).
Pedro también afirma que los autores escribieron siendo guiados por el Espíritu Santo.
"...los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo." (2 Pedro 1:21).
Esto significa que la inspiración divina nunca anuló la personalidad de quienes escribieron. Isaías escribe diferente de David. Lucas tiene un estilo distinto al de Juan. Pablo argumenta de una manera diferente a Santiago. Dios utilizó sus capacidades, su vocabulario y su contexto histórico sin dejar de comunicar perfectamente Su verdad.
Juan Calvino insistía en que Dios, por decirlo de manera sencilla, "descendió" hasta nuestro nivel para que pudiéramos comprenderlo. No porque Dios sea limitado, sino porque nosotros sí lo somos. Como un padre que explica algo profundo a un niño usando palabras sencillas, así el Señor decidió revelarse.
Por eso no debemos sorprendernos cuando encontramos poesía, comparaciones, parábolas, canciones, proverbios, narraciones históricas, cartas o profecías. Todo forma parte de la riqueza con la que Dios decidió comunicarse.
Qué son las figuras literarias
Las figuras literarias son formas especiales de hablar que buscan comunicar una idea con mayor fuerza, belleza o claridad. No pretenden engañar al lector. Todo lo contrario. Buscan ayudarlo a comprender mejor el mensaje.
Nosotros hacemos exactamente lo mismo todos los días.
Cuando alguien dice:
"Estoy muerto de hambre."
Nadie piensa que esa persona realmente murió. Todos entendemos que tiene mucha hambre.
Cuando alguien afirma:
"Mi corazón está roto."
Nadie imagina un órgano partido físicamente. Comprendemos inmediatamente que habla de un profundo dolor emocional.
La Biblia utiliza este mismo recurso constantemente.
La metáfora
La metáfora identifica una cosa con otra para enseñar una verdad importante.
Jesús dijo:
"Yo soy la puerta." (Juan 10:9).
Jesús no estaba diciendo que Él fuera una puerta de madera. Estaba enseñando que solamente por medio de Él el hombre puede entrar a la salvación.
También declaró:
"Yo soy la vid verdadera." (Juan 15:1).
No estaba afirmando ser una planta. Explicaba que toda vida espiritual proviene únicamente de permanecer unidos a Él.
David escribió:
"Jehová es mi pastor." (Salmo 23:1).
Dios no cuida ovejas literalmente en este pasaje. David utiliza la imagen del pastor porque en el antiguo Israel todos conocían el trabajo de un pastor. Él protegía, alimentaba, guiaba y defendía a sus ovejas. Esa figura comunica perfectamente el cuidado constante de Dios sobre Su pueblo.
La metáfora no elimina la realidad. La ilumina desde otra perspectiva.
El símil
El símil compara dos cosas utilizando expresiones como "como", "tal como" o "semejante a".
Pedro escribe:
"Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada." (1 Pedro 2:2).
Pedro no llama bebés a los creyentes. Está comparando el deseo intenso que un recién nacido tiene por la leche con el hambre espiritual que debe existir por la Palabra de Dios.
Isaías también utiliza esta figura:
"Toda la carne es hierba." (Isaías 40:6).
La comparación resalta lo pasajera que es la vida humana frente a la eternidad de Dios.
La hipérbole
La hipérbole consiste en exagerar deliberadamente una idea para enfatizar una verdad.
Jesús dijo:
"Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo." (Mateo 5:29).
El propósito no era promover la mutilación física. Cristo estaba mostrando con enorme fuerza la gravedad del pecado y la urgencia de apartarse de aquello que conduce a él.
En otra ocasión afirmó:
"Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja..." (Mateo 19:24).
Jesús utiliza una imagen impactante para enseñar cuán imposible resulta que alguien alcance la salvación por sus propias riquezas o méritos.
La exageración sirve para grabar una verdad profunda en la memoria del oyente.
La personificación
En ocasiones la Biblia atribuye características humanas a elementos de la creación.
"Los montes cantaron." (Salmo 98:8, idea general).
Los montes no tienen voz. Sin embargo, la imagen comunica que toda la creación proclama la gloria del Creador.
Pablo hace algo parecido cuando afirma:
"La creación gime." (Romanos 8:22).
No significa que los árboles literalmente lloren. Es una manera poderosa de describir cómo toda la creación espera la restauración definitiva que Dios traerá.
La ironía
Aunque muchas personas no lo notan, la Biblia también utiliza la ironía.
En el monte Carmelo, alrededor del año 850 a.C., el profeta Elías desafió a los profetas de Baal. Mientras ellos clamaban durante horas sin recibir respuesta, Elías dijo:
"Gritad en alta voz... quizá está dormido." (1 Reyes 18:27).
Elías no creía que Baal estuviera dormido. Su intención era mostrar el absurdo de adorar a un dios inexistente frente al Dios vivo que respondería con fuego desde el cielo.
Esta escena enseña que las figuras literarias también pueden utilizarse para denunciar el pecado y revelar la necedad de la idolatría.
Los símbolos en la Biblia
Los símbolos ocupan un lugar importante en toda la Escritura. Sin embargo, aquí debemos tener mucho cuidado.
El error más común consiste en pensar que cada objeto tiene un significado secreto y permanente. Muchas interpretaciones equivocadas nacen precisamente de esta idea.
En realidad, un símbolo debe entenderse según el contexto donde aparece.
Por ejemplo, el león representa a Cristo en Apocalipsis 5:5.
"He aquí que el León de la tribu de Judá ha vencido..."
Pero Pedro también compara al diablo con un león.
"Vuestro adversario el diablo, como león rugiente..." (1 Pedro 5:8).
¿Existe una contradicción?
De ninguna manera.
El símbolo cambia porque el contexto cambia. En un caso representa autoridad, victoria y realeza. En el otro representa amenaza, violencia y destrucción.
Por eso nunca debemos construir doctrinas únicamente sobre un símbolo aislado.
Primero debemos observar cuidadosamente el contexto inmediato, el propósito del autor y el desarrollo general de toda la Escritura.
Los símbolos más importantes en las Escrituras
A lo largo de la Biblia encontramos símbolos que aparecen repetidamente. Algunos mantienen un significado muy parecido en distintos libros, aunque siempre debemos permitir que el contexto tenga la última palabra.
La luz suele representar la verdad, la santidad y la presencia de Dios.
"Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas..." (Juan 8:12).
Las tinieblas representan el pecado, la ignorancia espiritual y la separación de Dios.
"La luz en las tinieblas resplandece..." (Juan 1:5).
El agua puede simbolizar vida, limpieza, satisfacción espiritual o la obra del Espíritu Santo, dependiendo del pasaje.
"El que cree en mí... de su interior correrán ríos de agua viva." (Juan 7:38).
Juan mismo explica inmediatamente que Jesús hablaba del Espíritu Santo (Juan 7:39). Este es un excelente ejemplo de cómo la misma Escritura interpreta sus propios símbolos.
El pan representa el sustento y la vida que únicamente Cristo puede dar.
"Yo soy el pan de vida." (Juan 6:35).
El cordero representa el sacrificio perfecto por el pecado.
Desde la Pascua celebrada por Israel alrededor del siglo XV a.C. (Éxodo 12), el cordero comenzó a señalar hacia un sacrificio mayor. Muchos siglos después, Juan el Bautista declaró:
"He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." (Juan 1:29).
Aquí vemos una verdad muy importante. Los símbolos bíblicos no existen para distraernos. Su propósito es conducir nuestra mirada hacia Cristo y hacia la obra redentora de Dios.
Cómo interpretar correctamente una profecía
Las profecías suelen ser uno de los temas que más preguntas producen. También han sido uno de los campos donde más errores se han cometido. A lo largo de la historia muchas personas anunciaron fechas para el fin del mundo, identificaron gobernantes como el anticristo o afirmaron que determinados acontecimientos cumplían profecías específicas. Con el paso del tiempo esas afirmaciones terminaron siendo falsas.
¿Por qué ocurre esto?
Porque muchas veces se intenta interpretar la Biblia utilizando los titulares del periódico en lugar del contexto de las Escrituras.
La profecía bíblica nunca fue dada para alimentar la curiosidad humana. Fue dada para fortalecer la fe del pueblo de Dios, llamar al arrepentimiento y mostrar que el Señor gobierna soberanamente la historia.
Pedro escribió:
"Tenemos también la palabra profética más segura..." (2 Pedro 1:19).
Observa que Pedro no invita a la especulación. Invita a prestar atención a la Palabra de Dios.
Muchas profecías ya se cumplieron exactamente como fueron anunciadas.
El nacimiento del Mesías en Belén fue anunciado aproximadamente siete siglos antes por el profeta Miqueas.
"Pero tú, Belén Efrata... de ti me saldrá el que será Señor en Israel." (Miqueas 5:2).
Mateo muestra claramente su cumplimiento en el nacimiento de Jesucristo (Mateo 2:1-6).
Isaías anunció que el Siervo de Dios sufriría por los pecadores alrededor del siglo VIII a.C.
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones..." (Isaías 53:5).
Siglos después, la muerte de Cristo cumplió perfectamente esta profecía.
Estos ejemplos nos enseñan que Dios dirige la historia con absoluta precisión. Nada ocurre fuera de Su conocimiento ni fuera de Su propósito.
No todas las profecías utilizan el mismo lenguaje
Un principio muy importante consiste en reconocer que las profecías utilizan diferentes formas de comunicación.
Algunas son completamente directas.
Otras utilizan imágenes, símbolos y visiones.
El libro de Daniel contiene sueños con grandes estatuas y animales extraordinarios.
El libro de Apocalipsis presenta dragones, bestias, lámparas, estrellas, trompetas y muchos otros símbolos.
La primera pregunta nunca debe ser: "¿Qué significa esto para nuestro tiempo?"
La primera pregunta siempre debe ser:
"¿Qué quiso comunicar Dios a los primeros lectores?"
Una vez comprendido ese significado, podremos aplicar correctamente el mensaje a nuestra generación.
R. C. Sproul insistía en que la interpretación responsable comienza escuchando al autor inspirado antes de intentar aplicar el texto a nuestra propia época.
Ese principio evita una enorme cantidad de errores.
La Biblia interpreta la Biblia
Uno de los principios más seguros consiste en permitir que los pasajes claros expliquen aquellos que son más difíciles.
Por ejemplo, el libro de Apocalipsis contiene muchos símbolos que parecen difíciles al principio. Sin embargo, una gran parte de ellos ya aparecen anteriormente en libros como Génesis, Éxodo, Isaías, Ezequiel, Daniel y Zacarías.
Esto significa que el lector no debe comenzar buscando explicaciones en internet o en teorías novedosas. Debe comenzar leyendo cuidadosamente toda la Escritura.
Cuanto más conocemos la Biblia, más fácilmente comprendemos la Biblia.
John Owen escribió que las Escrituras forman un conjunto perfectamente armonioso porque todas tienen un mismo Autor.
Esa armonía nos protege de interpretaciones aisladas o contradictorias.
Errores que debemos evitar
El primero consiste en buscar significados secretos donde el texto nunca los menciona.
No todo número tiene un misterio oculto.
No todo color posee un mensaje especial.
No todo objeto representa una doctrina profunda.
El segundo error consiste en interpretar cada detalle de manera completamente literal cuando el propio texto indica claramente que utiliza un lenguaje figurado.
El tercero consiste en ignorar el contexto histórico.
Los primeros lectores entendían muchas expresiones porque pertenecían a su cultura. Nosotros necesitamos conocer ese contexto antes de llegar a conclusiones.
El cuarto error consiste en construir doctrinas enteras sobre un único versículo difícil sin considerar el resto de las Escrituras.
Toda enseñanza debe armonizar con el mensaje completo de la Biblia.
El quinto error consiste en dejar que nuestra imaginación dirija la interpretación.
La imaginación puede producir ideas interesantes, pero solamente el significado inspirado por Dios posee autoridad.
Cristo es el centro de toda la Escritura
Existe una verdad que nunca debemos olvidar.
Las figuras literarias, los símbolos y las profecías no fueron escritos para satisfacer nuestra curiosidad intelectual.
Todos ellos apuntan finalmente hacia la persona y la obra de Jesucristo.
Después de Su resurrección, Jesús explicó a los discípulos lo que las Escrituras decían acerca de Él.
"Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían." (Lucas 24:27).
Observa cuidadosamente estas palabras.
Jesús no afirmó que algunos pasajes hablaran de Él.
Dijo que toda la Escritura, correctamente entendida, conduce finalmente hacia Él.
Por eso, cuando estudiamos una metáfora, un símbolo o una profecía, no debemos detenernos únicamente en la figura utilizada. Debemos preguntarnos cómo esa verdad revela el carácter de Dios, Su plan de salvación y la obra perfecta de Cristo.
Charles Haddon Spurgeon solía decir que, desde cualquier parte de la Biblia, existe un camino que conduce hasta Cristo. Esa afirmación resume muy bien la unidad de toda la revelación bíblica.
Conclusión
Interpretar correctamente las figuras literarias, los símbolos y las profecías no consiste en descubrir mensajes ocultos. Consiste en escuchar atentamente lo que Dios quiso comunicar mediante autores inspirados, respetando su contexto, su propósito y el desarrollo completo de las Escrituras.
Cada metáfora ilumina una verdad. Cada símbolo fortalece el mensaje. Cada profecía confirma que Dios gobierna la historia con absoluta fidelidad. Nada fue escrito para alimentar la curiosidad humana; todo fue escrito para revelar al Dios verdadero y conducirnos a Jesucristo.
Cuando aprendemos a leer la Biblia de esta manera, dejamos de depender de interpretaciones llamativas y comenzamos a descansar en el significado que el propio texto comunica. Nuestra confianza ya no está en la creatividad del intérprete, sino en la fidelidad del Dios que habló.
"Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron..." (Romanos 15:4).
Ejercicios
1. Lee el Salmo 23 y escribe cinco metáforas o imágenes utilizadas por David. Explica con tus propias palabras qué enseñan acerca de Dios.
2. Lee Juan 10:1-18. Anota todos los símbolos que Jesús utiliza (puerta, pastor, ovejas, etc.) y escribe el significado que el mismo contexto les da.
3. Lee Isaías 53 y luego Juan 19. Escribe al menos cuatro aspectos en los que observas el cumplimiento de la profecía en la muerte de Jesucristo.
4. Busca tres figuras literarias diferentes en los Evangelios (metáfora, símil o hipérbole). Escribe el versículo y explica por qué sabes que el lenguaje es figurado y no literal.
5. Escribe una lista de cinco principios que recordarás cada vez que estudies un pasaje con símbolos o profecías. Procura resumir cada principio en una sola oración.