La estructura de la Biblia
Sexta lección del estudio: Introducción a la Biblia
La estructura de la Biblia
Imagina que entras en una biblioteca enorme. Frente a ti hay libros de diferentes tamaños. Algunos cuentan historias de reyes y guerras. Otros contienen poemas y canciones. Hay cartas escritas para personas que vivieron hace miles de años. También encuentras profecías, leyes, relatos de viajes y palabras de sabiduría.
Al principio, podrías pensar que todos esos libros están separados y que cada uno cuenta una historia diferente. Pero, mientras comienzas a leer, descubres algo extraordinario. Aunque fueron escritos por diferentes hombres, en diferentes épocas y circunstancias, todos forman parte de una sola gran historia.
Esa historia comienza con Dios creando los cielos y la tierra. Continúa con la entrada del pecado en el mundo. Después muestra la elección de un pueblo, la promesa de un Salvador, la llegada de Jesucristo, su muerte y resurrección, el nacimiento de la Iglesia y, finalmente, apunta hacia la restauración completa de todas las cosas.
La Biblia no es una colección desordenada de pensamientos religiosos. Es una biblioteca formada por muchos libros que, unidos, presentan una historia central: Dios salva a pecadores por medio de Jesucristo y lleva su propósito redentor hasta su cumplimiento final.
Comprender la estructura de la Biblia nos ayuda a leerla correctamente. Nos permite saber dónde estamos, qué tipo de libro tenemos delante y cómo ese pasaje se relaciona con el resto de las Escrituras.
Por eso, estudiar la estructura de la Biblia no es simplemente aprender una lista de nombres. Es aprender a caminar por una gran historia sin perdernos en el camino.
La Biblia como una biblioteca de libros
La palabra Biblia viene del término griego biblia, que significa "libros". Esto nos ayuda a entender una característica fundamental de las Escrituras. La Biblia es un solo libro en un sentido, pero también es una colección de muchos libros.
En las Biblias protestantes encontramos 66 libros: 39 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento.
Estos libros fueron escritos durante un largo período de tiempo por diferentes autores humanos, en diferentes lugares y circunstancias. Sin embargo, existe una unidad profunda entre ellos.
Esto no significa que todos los libros tengan el mismo estilo. Génesis no se lee como Salmos. Salmos no se lee como Proverbios. Isaías no se lee como Mateo. Mateo no se lee como Romanos. Romanos no se lee como Apocalipsis.
Cada libro tiene su propia personalidad literaria, pero todos forman parte del mismo mensaje general.
El apóstol Pablo escribió:
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia."
(2 Timoteo 3:16)
Esto significa que cuando estudiamos la Biblia debemos tener presentes dos verdades al mismo tiempo. Primero, Dios es el autor supremo de las Escrituras. Segundo, utilizó autores humanos reales, con sus propios estilos, vocabularios, personalidades y circunstancias.
Por eso podemos encontrar diferencias de estilo entre Moisés, David, Isaías, Lucas, Juan y Pablo sin pensar que existe una contradicción entre ellos. Dios obró por medio de autores humanos reales para comunicar su Palabra.
El resultado es una colección de libros diferentes, pero unidos por un mismo propósito divino.
El Antiguo Testamento
La primera gran división de la Biblia es el Antiguo Testamento. Está formado por 39 libros.
El Antiguo Testamento comienza con Génesis y termina con Malaquías en el orden que encontramos habitualmente en nuestras Biblias.
Una manera sencilla de comprender estos 39 libros es dividirlos en cinco grandes grupos:
La Ley
Los primeros cinco libros son Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Estos libros son conocidos tradicionalmente como el Pentateuco, palabra que significa "cinco libros". También se les llama la Ley.
Génesis nos presenta el comienzo de la creación, la entrada del pecado, el diluvio, Babel y la historia de los patriarcas, especialmente Abraham, Isaac, Jacob y José.
Éxodo nos muestra la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto y el establecimiento del pacto de Dios con su pueblo.
Levítico presenta las leyes relacionadas con el culto, los sacrificios, la santidad y el sacerdocio.
Números narra parte del camino de Israel por el desierto y muestra repetidamente la fidelidad de Dios frente a la incredulidad de su pueblo.
Deuteronomio contiene una renovación de la enseñanza de la Ley antes de que Israel entrara en la tierra prometida.
Estos cinco libros colocan los fundamentos de toda la historia bíblica. Aquí encontramos temas que aparecerán una y otra vez: creación, pecado, pacto, sacrificio, sacerdocio, santidad, promesa y redención.
Cuando llegamos al Nuevo Testamento, descubrimos que muchos de estos temas encuentran su cumplimiento en Jesucristo.
Los libros históricos
Después de la Ley encontramos los libros históricos: Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester.
Estos libros narran la historia del pueblo de Israel desde la entrada en la tierra prometida hasta diferentes períodos de su historia nacional.
Aquí aparecen jueces, reyes, sacerdotes, profetas, guerras, victorias, derrotas, pecados, arrepentimientos y momentos de profunda crisis.
Pero hay algo que debemos recordar. Estos libros no fueron escritos simplemente para enseñarnos historia antigua. Su propósito es mostrarnos cómo Dios actúa dentro de la historia.
Israel no es presentado como un pueblo perfecto. Al contrario, muchas veces la Biblia muestra claramente sus pecados.
Los jueces fallan. Los reyes fallan. El pueblo falla. Pero Dios permanece fiel a sus promesas.
Esta realidad nos ayuda a entender una verdad fundamental de las Escrituras: la esperanza del pueblo de Dios nunca descansa finalmente en la capacidad humana, sino en la fidelidad de Dios.
Cuando leemos estos libros debemos preguntarnos no solamente "¿qué ocurrió?", sino también "¿qué está haciendo Dios en medio de estos acontecimientos?".
Los libros poéticos y de sabiduría
El siguiente grupo está formado por Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares.
Estos libros tienen una característica especial porque nos permiten entrar profundamente en la experiencia humana delante de Dios.
En Job encontramos el sufrimiento y las preguntas difíciles.
En Salmos encontramos adoración, arrepentimiento, temor, confianza, tristeza y esperanza.
En Proverbios encontramos principios de sabiduría para vivir delante de Dios.
En Eclesiastés encontramos una profunda reflexión sobre la brevedad de la vida y la incapacidad de encontrar satisfacción definitiva en las cosas creadas.
En Cantar de los Cantares encontramos poesía relacionada con el amor y el matrimonio.
Estos libros nos recuerdan que la fe bíblica no ignora las emociones humanas. La Biblia habla al ser humano completo. Nos enseña qué hacer cuando sufrimos, cómo pensar cuando estamos confundidos, cómo adorar cuando estamos alegres y cómo buscar a Dios cuando nuestro corazón está herido.
Los Salmos, por ejemplo, muestran que podemos acercarnos a Dios con nuestras luchas reales sin fingir que todo está bien.
Pero también nos enseñan que nuestras emociones no son la autoridad final. El creyente puede comenzar un salmo lleno de angustia y terminar recordando la fidelidad de Dios.
Los profetas mayores
Después encontramos los cinco profetas mayores: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel.
La palabra "mayores" no significa que sean más importantes que los profetas menores. Se refiere principalmente a la extensión de sus escritos.
Los profetas hablaron a situaciones concretas de la historia de Israel y Judá. Denunciaron el pecado, llamaron al arrepentimiento, anunciaron juicio y proclamaron esperanza.
Pero sus mensajes también miraban hacia adelante. Anunciaron la venida del Mesías, el establecimiento del reino de Dios y la esperanza de una restauración futura.
Isaías, por ejemplo, presenta numerosas promesas relacionadas con el Siervo de Dios y con la salvación que vendría.
El profeta escribió:
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados."
(Isaías 53:5)
Cuando llegamos al Nuevo Testamento, vemos que la vida y obra de Jesucristo están profundamente relacionadas con las promesas del Antiguo Testamento.
Los profetas menores
Los últimos doce libros del Antiguo Testamento son conocidos como los profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.
Al igual que ocurre con los profetas mayores, "menores" no significa menos importantes. Sus libros son generalmente más breves.
En ellos encontramos llamados al arrepentimiento, denuncias contra la injusticia, advertencias de juicio y promesas de restauración.
Uno de los mensajes que aparece repetidamente es que Dios no abandona su propósito. Incluso cuando el pueblo ha sido infiel, Dios continúa actuando conforme a sus promesas.
El Antiguo Testamento, por tanto, termina dejando al lector esperando. Hay promesas todavía pendientes de cumplimiento. Hay una expectativa creciente. El lector queda mirando hacia adelante.
Y entonces llegamos al Nuevo Testamento.
El Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento contiene 27 libros.
Su llegada representa un momento decisivo en la historia bíblica porque aquí encontramos el cumplimiento de muchas de las promesas que habían sido anunciadas anteriormente.
El centro del Nuevo Testamento es Jesucristo.
Jesús mismo enseñó que las Escrituras apuntaban hacia Él.
"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí."
(Juan 5:39)
Esto significa que no debemos leer la Biblia como una colección de historias independientes. La historia de David, el éxodo de Egipto, los sacrificios, el sacerdocio, las promesas a Abraham y los mensajes de los profetas forman parte de una historia que finalmente encuentra su centro en Cristo.
Los cuatro Evangelios
El Nuevo Testamento comienza con Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Estos cuatro libros reciben el nombre de Evangelios.
Los cuatro presentan la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesucristo, pero cada uno lo hace desde una perspectiva particular.
Mateo muestra con especial claridad la relación de Jesús con las promesas hechas a Israel.
Marcos presenta un relato dinámico y directo del ministerio de Jesús.
Lucas ofrece un relato cuidadosamente organizado y destaca ampliamente el alcance de la salvación.
Juan comienza mostrando la identidad divina de Cristo y desarrolla profundamente quién es Jesús y qué significa creer en Él.
No tenemos cuatro historias contradictorias. Tenemos cuatro testimonios que, juntos, nos ofrecen una visión más completa de la persona y obra de Cristo.
Es como observar una gran escena desde cuatro ventanas diferentes. Cada ventana permite ver aspectos particulares, pero todas apuntan hacia el mismo acontecimiento central.
Los Evangelios nos llevan hacia la cruz y la resurrección. Allí encontramos el centro de la obra salvadora de Cristo.
El libro de los Hechos
Después de los Evangelios encontramos Hechos de los Apóstoles.
Este libro continúa la historia después de la resurrección y ascensión de Jesús. Narra la expansión del mensaje cristiano mediante la obra del Espíritu Santo y el ministerio de los apóstoles.
Hechos comienza en Jerusalén y muestra cómo el mensaje avanza hacia Judea, Samaria y finalmente hacia otras regiones del mundo.
Una frase resume muy bien esta expansión:
"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra."
(Hechos 1:8)
Hechos funciona como un puente entre los Evangelios y las cartas del Nuevo Testamento.
Las cartas
Después encontramos las cartas o epístolas.
Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón están relacionadas tradicionalmente con el apóstol Pablo.
Después encontramos Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan y Judas.
Estas cartas fueron dirigidas a iglesias o personas concretas y trataron situaciones reales. Algunas enseñan acerca de la salvación. Otras corrigen errores. Algunas animan a creyentes que sufren. Otras enseñan cómo vivir en comunidad y cómo permanecer firmes en la fe.
Es importante recordar que estas cartas no fueron escritas como tratados abstractos desconectados de la vida. Fueron enviadas a personas reales, en iglesias reales, enfrentando problemas reales.
Por eso encontramos enseñanzas sobre la unidad, el perdón, el matrimonio, la familia, el trabajo, la santidad, el sufrimiento, la esperanza y la perseverancia.
Las cartas nos enseñan cómo debe vivir una persona que ha sido alcanzada por el evangelio de Cristo.
El libro de Apocalipsis
La Biblia termina con Apocalipsis.
Este libro utiliza un lenguaje lleno de imágenes y símbolos. Por eso debe leerse con cuidado y siempre en relación con el resto de las Escrituras.
Apocalipsis no fue escrito simplemente para satisfacer nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es fortalecer la esperanza y la fidelidad del pueblo de Dios.
El libro comienza con Cristo y termina mostrando la victoria final de Dios.
La Biblia comenzó con un jardín. Termina mostrando una creación renovada.
Comenzó con la entrada del pecado y la muerte. Termina mostrando la derrota definitiva de la muerte.
Comenzó con la humanidad separada de la presencia de Dios. Termina mostrando a Dios habitando con su pueblo.
Juan escribió:
"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron."
(Apocalipsis 21:4)
La historia termina donde siempre estuvo dirigida: hacia la gloria de Dios y la restauración de todas las cosas.
Una sola historia en muchos libros
Ahora podemos mirar nuevamente toda la estructura.
La Biblia comienza con la creación.
Después aparece la caída del ser humano en pecado.
Dios llama a Abraham y promete bendición.
Forma un pueblo y lo libera de Egipto.
Israel entra en la tierra prometida.
Los jueces y reyes muestran repetidamente la necesidad de un Rey perfecto.
Los profetas anuncian juicio y esperanza.
Entonces llega Jesucristo.
Jesús vive en perfecta obediencia, muere en la cruz, resucita y asciende al Padre.
El Espíritu Santo capacita a la Iglesia para anunciar el evangelio.
Las cartas explican las implicaciones de la obra de Cristo.
Apocalipsis muestra la victoria final del Cordero.
Todo esto forma una sola historia.
Por eso, cuando leemos un pasaje de la Biblia, debemos aprender a verlo dentro de este panorama mayor.
Un versículo aislado puede ser verdadero y, aun así, podemos interpretarlo mal si lo desconectamos de su contexto.
Por ejemplo, si tomamos una frase de un libro histórico, debemos preguntarnos qué estaba ocurriendo en ese momento. Si leemos un salmo, debemos reconocer su carácter poético. Si leemos una carta, debemos conocer la situación de la iglesia que la recibió. Si leemos una profecía, debemos considerar su contexto histórico y su relación con las promesas de Dios.
La Biblia se interpreta mejor cuando permitimos que la Biblia misma nos ayude a comprenderla.
El principio es sencillo: cada parte debe leerse a la luz del todo.
La Biblia tiene un centro
Al estudiar su estructura, debemos evitar un error muy común. Podemos llegar a pensar que la Biblia trata principalmente sobre nosotros.
Entonces leemos la historia de David y pensamos inmediatamente: "Yo debo ser valiente como David".
Leemos la historia de Noé y pensamos: "Yo debo obedecer como Noé".
Leemos la historia de Moisés y pensamos: "Yo debo ser un gran líder como Moisés".
Hay lecciones correctas que podemos aprender de estos relatos, pero no debemos detenernos ahí.
La pregunta más profunda es: ¿qué nos muestra este pasaje acerca de Dios y de su obra salvadora?
La historia de David, por ejemplo, también nos muestra nuestra necesidad de un Rey perfecto. David fue un gran rey, pero también fue pecador. Su vida nos prepara para esperar al Rey que nunca falla.
La historia de Moisés nos muestra a un libertador humano, pero también nos hace mirar hacia una liberación mayor.
Los sacrificios del Antiguo Testamento nos recuerdan constantemente que el pecado requiere expiación y nos preparan para comprender la obra de Cristo.
El apóstol Pablo escribió:
"Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios."
(2 Corintios 1:20)
La Biblia tiene muchas páginas, muchos personajes y muchos acontecimientos, pero existe una dirección común: Dios está llevando adelante su propósito de redención.
La importancia de conocer la estructura
Conocer la estructura de la Biblia cambia la manera en que la leemos.
Cuando abrimos Génesis, sabemos que estamos entrando en el comienzo de la historia.
Cuando leemos los profetas, entendemos que estamos escuchando voces que llaman al pueblo de Dios al arrepentimiento y anuncian lo que Dios hará.
Cuando llegamos a los Evangelios, reconocemos que hemos llegado al centro histórico de la revelación bíblica: Jesucristo.
Cuando leemos las cartas, entendemos cómo la obra de Cristo transforma la vida de la Iglesia.
Cuando llegamos a Apocalipsis, vemos la culminación de la historia.
De esta manera, la Biblia deja de parecer una habitación llena de libros desordenados. Comenzamos a ver los pasillos que conectan cada sección.
Vemos cómo una promesa hecha a Abraham encuentra su cumplimiento final.
Vemos cómo el éxodo prepara nuestra comprensión de una liberación mayor.
Vemos cómo los sacrificios apuntan hacia el sacrificio perfecto de Cristo.
Vemos cómo los reyes imperfectos despiertan la esperanza de un Rey perfecto.
Vemos cómo los profetas anuncian una salvación que finalmente aparece en Jesús.
Y vemos cómo la esperanza de la nueva creación aparece finalmente al final de la Biblia.
Una forma sencilla de recordar la estructura
Podemos resumir los 39 libros del Antiguo Testamento así:
La Ley — Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Historia — Josué hasta Ester.
Poesía y sabiduría — Job hasta Cantar de los Cantares.
Profetas mayores — Isaías hasta Daniel.
Profetas menores — Oseas hasta Malaquías.
Y los 27 libros del Nuevo Testamento:
Evangelios — Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Historia — Hechos.
Cartas de Pablo — Romanos hasta Filemón.
Otras cartas — Hebreos hasta Judas.
Profecía — Apocalipsis.
Este orden nos permite ubicarnos rápidamente dentro de la Biblia y comprender el propósito general de cada sección.
La gran lección
Cuando Charles H. Spurgeon, quien vivió entre 1834 y 1892, enseñaba y predicaba las Escrituras, insistía constantemente en la centralidad de Cristo. Su famoso énfasis en buscar a Cristo en toda la Escritura refleja una convicción que también encontramos en los propios Evangelios: las Escrituras dan testimonio de Él.
Mucho antes, durante la Reforma del siglo XVI, hombres como Juan Calvino (1509–1564) insistieron en que la Palabra de Dios debía ser la autoridad para conocer a Dios y comprender su obra. Y antes de ellos, generaciones de cristianos ya habían reconocido la unidad de las Escrituras y su cumplimiento en Cristo.
Estos hombres no inventaron la unidad de la Biblia. La descubrieron en el propio texto bíblico.
La gran enseñanza que debemos llevarnos de esta lección es sencilla pero profunda: la Biblia es una biblioteca de muchos libros, pero es una sola historia redentora cuyo centro es Jesucristo.
Cuando comprendemos esto, comenzamos a leer de una manera diferente.
Ya no vemos únicamente a Abraham caminando hacia una tierra desconocida. Vemos la fidelidad de Dios cumpliendo sus promesas.
Ya no vemos solamente a Israel saliendo de Egipto. Vemos el poder de Dios para liberar a su pueblo.
Ya no vemos solamente animales sacrificados en un altar. Entendemos que esos sacrificios preparaban el camino para comprender la obra perfecta de Cristo.
Ya no vemos solamente profetas anunciando acontecimientos futuros. Escuchamos el llamado de Dios al arrepentimiento y la esperanza de una salvación que Él mismo promete.
Y cuando llegamos al Nuevo Testamento, comprendemos que toda la historia ha estado avanzando hacia Jesucristo.
Por eso, la próxima vez que abras la Biblia, no pienses que estás entrando en una colección de historias aisladas. Imagina que estás entrando en una gran biblioteca cuya historia comenzó antes de que tú nacieras y continuará hasta que Dios lleve todas las cosas a su cumplimiento.
Abre Génesis y comienza en el principio.
Camina por las páginas de la historia.
Escucha las canciones de los Salmos.
Aprende de la sabiduría.
Escucha el llamado de los profetas.
Llega a Belén.
Mira a Cristo.
Contempla la cruz.
Proclama la resurrección.
Camina con la Iglesia mientras el evangelio avanza.
Y finalmente, llega al último libro y contempla la esperanza final: Dios haciendo nuevas todas las cosas.
Entonces comprenderás que la Biblia no es simplemente un libro que nosotros estudiamos. Es la Palabra de Dios mediante la cual Él nos enseña quién es, quiénes somos, cuál es nuestra necesidad y dónde se encuentra nuestra única esperanza.
Y esa esperanza tiene un nombre: Jesucristo.