Cómo estudiar la Biblia
Novena lección del estudio: Introducción a la Biblia
Cómo estudiar la Biblia
Imagina que tienes delante de ti un mapa antiguo. Ha pasado por muchas manos, ha viajado por distintos lugares y contiene información que puede cambiar por completo el rumbo de tu vida. Pero hay un problema: no basta con tener el mapa. Necesitas aprender a leerlo. Si interpretas mal una señal, puedes tomar el camino equivocado. Si ignoras una indicación importante, puedes terminar lejos del destino. Y si lees solamente las partes que te gustan, probablemente nunca comprenderás el recorrido completo.
Algo parecido ocurre cuando abrimos la Biblia.
La Biblia no fue entregada para ser admirada solamente, ni para convertirse en una colección de frases bonitas que utilizamos cuando necesitamos ánimo. Es la Palabra de Dios escrita para que conozcamos quién es Él, comprendamos su obra, conozcamos nuestra condición y aprendamos a vivir delante de Él.
Por eso, estudiar la Biblia requiere algo más que leer rápidamente un capítulo cada día. Requiere atención, humildad, oración y paciencia.
Un estudiante serio de la Biblia no se acerca preguntando primero: “¿Qué significa este texto para mí?”. Antes pregunta: “¿Qué quiso comunicar Dios por medio de este texto?”. Después de comprender su significado, puede preguntarse cómo debe responder y cómo debe vivir.
Esta diferencia es fundamental.
La Biblia no debe ser obligada a decir lo que nosotros queremos escuchar. Nosotros debemos aprender a escuchar lo que Dios ha dicho.
El propósito de esta lección es aprender principios sencillos y firmes para estudiar las Escrituras con reverencia, entendimiento y fidelidad.
1. Comenzar reconociendo qué tenemos delante
Antes de aprender a estudiar la Biblia debemos recordar qué es la Biblia.
La Escritura no es simplemente una colección de pensamientos religiosos escritos por diferentes personas a lo largo de la historia. Sus libros fueron escritos por autores humanos reales, en diferentes épocas y circunstancias, pero Dios mismo dirigió el proceso de tal manera que aquello que fue escrito comunica verdaderamente su Palabra.
Pablo escribió:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.
2 Timoteo 3:16
Esto significa que cuando abrimos las Escrituras no estamos acercándonos a un libro cualquiera.
Podemos imaginar a una persona entrando en una biblioteca antigua. Mira los libros en los estantes, observa sus diferentes tamaños y fechas, pero descubre que todos pertenecen a una misma colección. Cada libro tiene su propio autor, su estilo y su propósito, pero todos forman parte de una historia mucho mayor.
Así ocurre con la Biblia.
Hay historia, poesía, profecía, cartas, relatos, sabiduría y literatura apocalíptica. Hay autores diferentes, lugares diferentes y momentos históricos diferentes. Sin embargo, todos los libros forman parte de una gran historia cuyo centro es la obra de Dios para salvar a su pueblo y llevar todas las cosas hacia el cumplimiento de sus propósitos.
Por eso, estudiar bien la Biblia significa respetar cada texto en su lugar dentro de esa historia.
2. Leer antes de interpretar
Uno de los errores más frecuentes al estudiar la Biblia es interpretar demasiado rápido.
Algunas personas leen un versículo y, casi inmediatamente, comienzan a explicar lo que creen que significa. Pero antes de interpretar debemos aprender a observar.
La primera pregunta no debe ser “¿qué siento al leer esto?”, sino “¿qué dice realmente el texto?”.
Leer bien significa prestar atención.
Si estamos estudiando una carta del apóstol Pablo, debemos observar quién la escribió, a quién fue dirigida, qué problema estaba enfrentando la iglesia, qué argumentos utiliza el autor y cómo desarrolla sus ideas.
Si estudiamos un relato histórico, debemos observar quiénes participan, qué sucede, dónde ocurre y qué consecuencias tiene.
Si estudiamos un salmo, debemos prestar atención a las imágenes, las emociones, las expresiones de confianza, dolor, arrepentimiento o alabanza.
Antes de preguntar qué significa un texto, debemos aprender a mirar lo que está allí.
Una buena práctica es leer el mismo pasaje varias veces. La primera lectura nos permite conocerlo. La segunda comienza a mostrarnos detalles. La tercera puede revelar conexiones que antes no habíamos visto.
Es como caminar varias veces por el mismo sendero. La primera vez vemos el camino. La segunda notamos los árboles. La tercera descubrimos una pequeña corriente de agua que siempre estuvo allí, pero que no habíamos observado.
3. Observar el contexto
Una de las reglas más importantes para estudiar la Biblia es esta: ningún versículo debe ser separado de su contexto.
Un versículo fuera de contexto puede ser utilizado para defender prácticamente cualquier idea.
Por ejemplo, alguien podría tomar las palabras de Jesús: “No juzguéis”, y concluir que nunca debemos evaluar ninguna conducta. Pero cuando leemos Mateo 7 completo, descubrimos que Jesús no está prohibiendo todo tipo de discernimiento. Él está condenando la actitud hipócrita de quien pretende corregir a otros mientras ignora sus propios pecados.
El contexto protege al lector contra interpretaciones apresuradas.
Debemos observar el contexto inmediato. Esto significa leer los versículos anteriores y posteriores.
Después debemos considerar el contexto del capítulo y del libro.
También debemos considerar el contexto histórico.
Finalmente, debemos considerar cómo ese pasaje se relaciona con el resto de la Biblia.
La Escritura no se contradice consigo misma. Por eso, un pasaje difícil debe ser interpretado a la luz de los pasajes más claros, y nunca debemos construir una doctrina completa basándonos en un texto aislado.
Isaías expresó una verdad importante:
“Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá”.
Isaías 28:10
La Biblia debe estudiarse como un todo.
4. Preguntar quién habla y a quién se habla
Una pregunta sencilla puede evitar muchos errores: ¿quién está hablando?
En la Biblia aparecen las palabras de Dios, de los profetas, de los apóstoles, de reyes, de personas pecadoras e incluso de Satanás.
No todo lo que aparece en la Biblia es una afirmación verdadera hecha por cada personaje.
La Biblia puede registrar fielmente las palabras de una persona que está equivocada.
Por ejemplo, el libro de Job contiene discursos de diferentes personajes. Algunos de sus amigos dijeron cosas que parecían espirituales, pero Dios finalmente mostró que sus palabras no representaban correctamente la realidad.
Por eso debemos preguntar quién habla, quién escucha y cuál es la intención del texto.
También debemos preguntar qué problema está tratando el autor.
Cuando Pablo escribió a los corintios, por ejemplo, estaba respondiendo a problemas reales dentro de una iglesia real. Había divisiones, confusión sobre los dones espirituales, problemas relacionados con la Cena del Señor y dificultades en la comprensión de la resurrección.
Conocer ese contexto nos permite comprender mejor por qué Pablo escribió lo que escribió.
5. Identificar el género del texto
No debemos leer todos los libros de la Biblia exactamente de la misma manera.
Una poesía debe ser leída como poesía. Una carta debe ser leída como carta. Una narración histórica debe ser entendida como narración histórica.
Cuando el salmista dice:
“Los ríos batieron sus manos”.
Salmo 98:8
No significa que los ríos tengan manos literalmente. Es una imagen poética que expresa alegría y celebración.
Cuando Jesús dice:
“Yo soy la puerta”.
Juan 10:9
No está afirmando que sea una puerta de madera. Está utilizando una imagen para explicar una verdad espiritual acerca de sí mismo.
Comprender el lenguaje figurado nos ayuda a evitar interpretaciones absurdas.
También debemos tener cuidado con el lenguaje profético y apocalíptico. Estos textos utilizan símbolos e imágenes que deben ser estudiados dentro de su contexto bíblico.
La pregunta correcta no es simplemente “¿qué significa este símbolo según mi imaginación?”, sino “¿cómo utiliza la Biblia este símbolo y qué significado tiene dentro del pasaje?”.
6. Estudiar las palabras dentro de las frases
Las palabras son importantes, pero una palabra nunca debe ser interpretada de manera aislada.
El significado de una palabra depende de cómo se utiliza dentro de una oración y dentro de un contexto.
La palabra “carne”, por ejemplo, puede referirse al cuerpo humano en algunos textos y a la condición humana dominada por el pecado en otros. El contexto determina su significado.
Por eso, no debemos construir una enseñanza completa basándonos únicamente en el significado que encontramos en un diccionario.
También debemos evitar el error de pensar que una palabra siempre significa exactamente lo mismo en todos los lugares de la Biblia.
El significado se determina por el uso.
Para quienes tienen acceso a herramientas de estudio, pueden ser útiles diferentes traducciones de la Biblia, concordancias, diccionarios bíblicos y comentarios serios. Estas herramientas pueden ayudar, pero ninguna debe reemplazar la lectura cuidadosa del texto.
El estudiante debe aprender a utilizar las herramientas como ayudas, no como sustitutos de su propia responsabilidad de leer y comprender.
7. Comparar la Escritura con la Escritura
Una de las mejores formas de comprender la Biblia es observar cómo un tema aparece en diferentes partes de ella.
La Biblia es una unidad.
Por ejemplo, para comprender mejor el significado de la muerte de Cristo, podemos estudiar los Evangelios, las cartas de Pablo, Hebreos, Pedro, Isaías 53 y otros textos relacionados.
Un pasaje ilumina otro.
Jesús mismo enseñó de esta manera. Después de su resurrección, cuando caminó con dos discípulos hacia Emaús, les explicó las Escrituras mostrando cómo ellas hablaban acerca de Él.
Lucas dice:
“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”.
Lucas 24:27
Esto nos enseña algo extraordinario.
La Biblia no es una colección de historias desconectadas. Existe una unidad profunda en toda la revelación bíblica.
Desde Génesis hasta Apocalipsis vemos cómo Dios desarrolla su propósito y cómo la historia avanza hacia su cumplimiento en Cristo.
Por eso, estudiar la Biblia correctamente significa aprender a ver el bosque sin dejar de observar cada árbol.
8. Leer la Biblia buscando a Cristo
Jesús enseñó que las Escrituras hablan de Él.
En Juan 5:39 dijo:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.
Esto no significa que debamos forzar a Cristo dentro de cada detalle del texto de una manera artificial. Significa que debemos comprender cómo cada parte de la Escritura participa en la gran historia de la redención.
Adán apunta hacia la necesidad de un representante mejor.
El éxodo muestra la liberación de un pueblo.
El sistema de sacrificios muestra la necesidad de expiación.
El sacerdocio apunta hacia la necesidad de un mediador perfecto.
El reino de David despierta la esperanza de un Rey eterno.
Los profetas anuncian la llegada del Salvador.
Y finalmente, en el Nuevo Testamento, Cristo aparece como el cumplimiento de las promesas.
Cuando estudiamos la Biblia debemos preguntarnos cómo nuestro texto encaja en esa gran historia.
9. Interpretar antes de aplicar
La aplicación es importante, pero debe venir después de la interpretación.
Primero debemos descubrir qué significa el texto. Después debemos preguntar qué exige de nosotros.
Podemos pensar en un médico que recibe una radiografía. Antes de recomendar un tratamiento, necesita comprender correctamente lo que está viendo. Si interpreta mal la imagen, puede aplicar un tratamiento equivocado.
Lo mismo sucede con la Biblia.
Una aplicación basada en una interpretación equivocada puede parecer espiritual y, sin embargo, llevar a una persona en una dirección incorrecta.
Después de comprender el significado debemos preguntar:
¿Qué me enseña este texto acerca de Dios?
¿Qué me enseña acerca de Cristo?
¿Qué revela acerca del pecado?
¿Qué muestra acerca de la gracia?
¿Qué debo creer?
¿Qué debo abandonar?
¿Qué debo obedecer?
¿Qué esperanza me ofrece?
Estas preguntas convierten el estudio bíblico en algo personal sin convertirlo en algo subjetivo.
10. Estudiar con humildad y oración
El estudio bíblico no es solamente un ejercicio intelectual.
Podemos conocer muchas cosas acerca de la Biblia y, al mismo tiempo, tener un corazón distante de Dios.
Los fariseos conocían las Escrituras, pero rechazaron a Cristo.
Por eso necesitamos estudiar con humildad.
El salmista oró:
“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley”.
Salmo 119:18
Esta oración debería acompañar nuestro estudio.
Necesitamos pedirle a Dios que nos ayude a comprender su Palabra y, sobre todo, que nos conceda un corazón dispuesto a obedecerla.
La verdadera comprensión bíblica no termina en acumular información. Produce transformación.
Una persona puede saber explicar perfectamente el significado de la palabra “amor” y, sin embargo, vivir sin amar a los demás.
Puede conocer doctrinas importantes y, al mismo tiempo, ser orgullosa.
Puede memorizar muchos versículos y no obedecer ninguno.
El propósito de estudiar la Biblia es conocer la verdad para vivir bajo ella.
11. Leer despacio para aprender a escuchar
Vivimos en una época de rapidez.
Muchas personas leen mensajes rápidamente, pasan de una publicación a otra y consumen información en segundos.
Pero la Biblia no siempre puede ser comprendida de esa manera.
Hay textos que necesitan tiempo.
Hay frases que debemos leer varias veces.
Hay pasajes que debemos dejar reposar en nuestra mente.
Imagina a alguien sentado junto a una ventana durante una lluvia tranquila. No está corriendo. No tiene prisa. Simplemente observa cómo las gotas caen sobre el cristal.
Estudiar la Biblia requiere algo parecido.
No se trata de leer muchas páginas para terminar rápidamente. Se trata de aprender a escuchar.
El Salmo 1 describe al hombre bienaventurado diciendo:
“En la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”.
Salmo 1:2
Meditar significa pensar profundamente en lo que hemos leído, volver sobre ello, relacionarlo con otras verdades y permitir que la Palabra ocupe nuestra mente.
12. Utilizar un método sencillo de estudio
Para comenzar un estudio bíblico personal podemos utilizar un método sencillo basado en cuatro movimientos.
Leer
Primero leemos el pasaje varias veces. Intentamos conocerlo antes de sacar conclusiones.
Observar
Después identificamos palabras repetidas, contrastes, órdenes, promesas, advertencias, preguntas y conexiones.
Interpretar
Luego buscamos comprender qué quiso comunicar el autor inspirado dentro de su contexto.
Aplicar
Finalmente preguntamos cómo esa verdad debe transformar nuestra manera de pensar, creer y vivir.
Podemos escribir nuestras observaciones en una libreta.
Por ejemplo, si estudiamos Filipenses 4:6-7, podemos comenzar anotando qué manda Pablo, qué promete Dios y cuál es la relación entre la oración y la paz.
Después podemos investigar el contexto de la carta y observar que Pablo escribe desde una situación de sufrimiento y no desde una vida sin problemas.
Entonces la aplicación se vuelve más profunda.
El texto no enseña que el cristiano nunca enfrentará dificultades. Enseña que, en medio de ellas, puede llevar sus preocupaciones delante de Dios confiando en Él.
13. Aprender de la historia de la Iglesia
A lo largo de la historia, muchos hombres dedicaron sus vidas al estudio cuidadoso de las Escrituras.
Agustín de Hipona, que vivió entre los años 354 y 430, insistió en que la lectura bíblica debía conducir hacia el amor a Dios y al prójimo. Aunque sus escritos pertenecen a una época muy antigua, su influencia en la historia cristiana fue enorme.
Durante el siglo XVI, la Reforma protestante puso nuevamente un fuerte énfasis en la autoridad suprema de las Escrituras. Martín Lutero, Juan Calvino y otros líderes dedicaron gran parte de sus vidas a enseñar y explicar la Biblia.
Juan Calvino vivió entre 1509 y 1564 y produjo extensos comentarios sobre numerosos libros bíblicos. Su trabajo muestra la importancia de leer cada pasaje dentro de su contexto y de buscar el sentido que el autor quiso comunicar.
Más adelante, durante los siglos XVII y XVIII, los puritanos ingleses desarrollaron una intensa tradición de predicación y estudio bíblico.
John Owen, que vivió entre 1616 y 1683, destacó repetidamente la necesidad de que la verdad bíblica no permaneciera solamente en la mente, sino que descendiera al corazón y produjera una vida transformada.
Thomas Watson, aproximadamente entre 1620 y 1686, fue conocido por explicar verdades profundas con lenguaje claro y práctico. Sus escritos muestran una preocupación constante por conectar la enseñanza bíblica con la vida diaria.
Estos hombres no fueron infalibles. No debemos tratarlos como autoridades iguales a las Escrituras. Pero podemos aprender de su dedicación, su reverencia por la Palabra y su deseo de comprenderla cuidadosamente.
14. Evitar los errores más comunes
El primer error es leer la Biblia solamente para encontrar frases que nos hagan sentir mejor.
La Biblia también confronta, corrige y reprende.
El segundo error es buscar siempre algo nuevo.
A veces creemos que un estudio profundo debe producir una interpretación que nadie ha descubierto antes. Pero muchas veces la verdadera madurez consiste en comprender correctamente verdades que la Iglesia ha enseñado durante siglos.
El tercer error es interpretar según nuestras emociones.
Lo que sentimos puede ser importante, pero nuestros sentimientos no determinan el significado del texto.
El cuarto error es utilizar un solo versículo para defender una idea que contradice el resto de la Escritura.
El quinto error es depender completamente de comentarios y estudios ajenos sin aprender a leer directamente el texto bíblico.
Los buenos recursos ayudan. Pero ningún comentario puede sustituir la Biblia.
El sexto error es estudiar sin intención de obedecer.
La meta no es convertirnos en personas que saben mucho acerca de la Biblia, sino en personas que conocen a Dios, confían en Cristo y viven conforme a su Palabra.
15. Una ruta práctica para estudiar un libro de la Biblia
Si queremos estudiar un libro bíblico completo, podemos seguir una ruta sencilla.
Primero, leer todo el libro de principio a fin.
Después, volver a leerlo varias veces.
Luego, identificar quién lo escribió, a quién fue dirigido y cuál parece ser su propósito.
Después podemos dividirlo en secciones según los cambios de tema.
Posteriormente estudiamos cada sección observando su contexto.
Después comparamos las enseñanzas del libro con otros pasajes de la Biblia.
Finalmente, buscamos las aplicaciones para nuestra vida.
Este proceso requiere tiempo.
Pero la paciencia vale la pena.
Cuando estudiamos un libro completo dejamos de depender solamente de versículos aislados y comenzamos a comprender el mensaje completo.
16. La Biblia debe llevarnos a obedecer
Santiago escribió:
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”.
Santiago 1:22
Estas palabras nos llevan al corazón de esta lección.
Podemos estudiar durante años y seguir siendo solamente oyentes.
Podemos conocer términos bíblicos, memorizar versículos y leer numerosos libros. Pero si la Palabra no transforma nuestra vida, hemos perdido el propósito.
La Biblia debe cambiar nuestra manera de pensar.
Debe corregir nuestras ideas equivocadas acerca de Dios.
Debe mostrar nuestro pecado.
Debe llevarnos a Cristo.
Debe enseñarnos a confiar.
Debe producir arrepentimiento.
Debe fortalecer nuestra esperanza.
Debe enseñarnos a amar a Dios y al prójimo.
Debemos acercarnos a la Biblia como quien se acerca a una fuente de agua en medio de un camino largo y seco. No queremos solamente saber que existe agua. Queremos beber.
Así también, no queremos solamente conocer que Dios ha hablado. Queremos escuchar su voz, comprender su Palabra y vivir conforme a ella.
Conclusión
Estudiar la Biblia correctamente requiere más que inteligencia. Requiere humildad.
Necesitamos leer cuidadosamente.
Necesitamos observar el contexto.
Necesitamos reconocer el género literario.
Necesitamos comparar la Escritura con la Escritura.
Necesitamos interpretar antes de aplicar.
Necesitamos buscar a Cristo como centro de la gran historia bíblica.
Necesitamos utilizar buenas herramientas sin permitir que sustituyan la lectura de la Palabra.
Y necesitamos orar para que Dios ilumine nuestro entendimiento y transforme nuestro corazón.
La Biblia no es un libro que debemos dominar para sentirnos superiores. Es la Palabra ante la cual debemos inclinarnos.
Cuando abrimos sus páginas, debemos recordar que no somos nosotros quienes estamos juzgando a la Biblia. Es la Biblia la que nos examina.
Hebreos dice:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Hebreos 4:12
Por eso, estudiar la Biblia es entrar en un lugar donde nuestras ideas son confrontadas, nuestras prioridades son examinadas y nuestro corazón queda expuesto delante de Dios.
Pero también es el lugar donde encontramos las promesas de su gracia.
Allí descubrimos nuestra necesidad de un Salvador.
Allí vemos la fidelidad de Dios.
Allí conocemos a Cristo.
Allí aprendemos que la salvación no depende de nuestra capacidad de ser buenos, sino de la obra perfecta de Dios.
Y allí aprendemos a caminar con esperanza hasta el día en que la historia de la redención llegue a su consumación.
Por eso, cuando vuelvas a abrir la Biblia, no la leas con prisa.
Detente.
Observa.
Pregunta.
Compara.
Ora.
Piensa.
Y después de comprender, obedece.
Porque estudiar la Biblia correctamente no consiste solamente en aprender lo que Dios ha dicho.
Consiste en conocer al Dios que ha hablado y vivir delante de Él.